lunes, 14 de julio de 2008

… y la mona se vistió de rojo progresista pero nos la pegó


Hace cuatro años el mundo entero miró hacia nuestro Estado con cierta satisfacción ajena para comprobar que la democracia puede barrer de un plumazo la incompetencia política anterior. La Suecia del Mediterráneo se denominaba a España en alusión a la vanguardia social, económica e internacional en la que el Estado se embarcaba. Ciertamente la mejora ha sido sustancial dado el rumbo a la deriva (o al retroceso) en el que el gobierno conservador anterior parecía habernos abocado; de hecho, si lo comparamos con la reciente evolución política de los Estados de nuestro entorno (Sarkozy en Francia o Berlusconi II en Italia) aún conservamos ese liderazgo, pero en términos globales la vanguardia española ya no es ni de lejos lo que vivimos los primeros años de esta segunda etapa de gobierno socialista. Quizás sea porque el poder corrompe o quizá porque no aprendieron gran cosa de la última vez que se tropezaron con la misma piedra pero de cualquier forma, han terminado por disipar la ilusión generada en la sociedad.


Los más escépticos tenemos ahora la prueba de nuestras afirmaciones, las cuales se resumen básicamente en que los dos grandes no representan dos ideologías u opciones políticas sino un interés económico semejante y para sí mismos. No obstante, estamos más sorprendidos por la reacción de la gente que por las maniobras del actual gobierno para evitar la verdad aunque ésta les pase por encima: “La política de España es una mierda, los políticos están corrompidos”, se oye en muchos corrillos. Y la gente tiene mucha razón, pero cuando tienen que depositar su voto en la urna votan al otro menos malo, ignorando que con este ejercicio democrático no sólo se derrocan ideologías sino modelos de partido como el de PSOE-PP, entre otras muchas cosas. De modo que volvemos al círculo cerrado del pez que se muerde la cola. Los castellanos sabemos mucho de políticas incompetentes (Aguirre, Barreda, Bono, Lucas, Herrera, Ruiz-Gallardón…) pero ahí les dejamos que sigan en sus poltronas. El hastío político se va transformando en indiferencia o conformismo entre los castellanos y como resultado tenemos los gobiernos autonómicos más incompetentes de España e incluso de Europa (ahí está Soria sin que se les caiga la cara de vergüenza, por ejemplo). ¿Se extenderá este fenómeno a otras naciones del Estado? Pues las tienen todas consigo para regocijo de ellos; o eso, o al menos no parece salir otra cosa desde nuestra Castilla.


El aspecto económico (la reciente crisis) puede ser la excusa que ponga fin a esta involución política. Sin embargo, si todos los cambios por los que hemos de luchar se limitan a quitar al PSOE para poner al PP o viceversa, el esfuerzo habrá sido en vano. Ése es el verdadero pulso que nos echan los dos grandes partidos a la sociedad castellana y española; pondrán a punto su maquinaria empresarial, sometiéndonos a una artillería publicitaria para crear una división mediante tácticas ideológicas que les deje en una posición avanzada favorable a sus intereses. ¿Estamos preparados para que no nos seduzcan? No lo creo así.
El referéndum sobre la Constitución Europea de 2005 demostró el alto grado de seguidismo político que existe hacia los dos grandes partidos. PSOE y PP pidieron entonces un Sí y el texto constitucional salió ratificado en España por más del 77% de los votantes, frente al 17% que votó No (en la Castilla rural superó el 85% a favor, mientras que menos del 10% se decantó por el No). Nos quedó demostrado a todos que la manipulación de la sociedad por parte de estos partidos políticos les es fácil. Y con ello España también demostró al mundo entero que esa vanguardia que nos atribuían era una cortina de humo, ya que el resto de referendos celebrados por el mismo tema en otros países europeos salieron negativos. La sociedad y la política no habían cambiado en realidad, simplemente todos fuimos engañados por esa propaganda ideológica tan bien lograda para avanzar con sus intereses.

Y permítaseme negar que me equivoque, pero quisiera dudar de que existe tanta adhesión social a uno de estos dos partidos ahora que ha saltado la crisis económica. No entiendo por qué el Tratado de Lisboa (el texto para desbloquear el callejón sin salida en el que muchos países de Europa pusieron a la Constitución Europea) se pasó y ratificó a toda prisa hace menos de un mes por el Congreso de los Diputados y no mediante referéndum a toda la sociedad. ¿Teme que haya comenzado el fin de sus hegemónicos modelos de partido y de hacer política, Sr. Zapatero (y Rajoy)? No quiero aburrir con el tema.