sábado, 26 de abril de 2008

MONARQUÍA, S.A.: la empresa perfecta


Uno cree que conoce suficientes cosas en Castilla como para estar curado de espanto, pero qué gran error es el subestimar a ésta, nuestra tierra. Quiero dedicar este artículo a uno de los emblemas del puerto de Castilla, Santander: el Palacio de La Magdalena. Edificio civil entre los más notables construido en suelo castellano, recorre su historia de la mano de la monarquía borbónica, de la que es al principio preferencia y al final un despojo.

No creo que haga falta que dé una opinión que se extienda más allá de un simple comentario, pues los hechos evidencian esa otra cara de la monarquía: la del egoísmo puro y duro. Está claro que esos supuestos beneficios que nos reporta una forma de Estado monárquica nunca han sido gratuitos, por ello, como si de un organismo con ánimo de lucro se tratara, la monarquía no deja de ser una empresa perfecta porque juega en un mercado donde tiene el monopolio absoluto. He aquí la historia (para no repetirla):

El Palacio de La Magdalena se comienza a construir en 1908. Entre todos los proyectos presentados, se elige el de dos arquitectos castellanos, Javier González Riancho y Gonzalo Brigas Vega y mezcla estilos francés e inglés con otros aspectos de la arquitectura local cántabra.
La ejecución del palacio es una iniciativa del ayuntamiento de Santander, que con el apoyo de todos los grupos políticos municipales (republicanos incluidos), ve muy positivo que la monarquía española pase sus veranos en la costa castellana ya que los ingresos que podrían reportar a la ciudad y comarca durante su estancia podrían revitalizar la economía local. Es por ello que todos los santanderinos se vuelcan en la construcción del palacio, ya sea con aportaciones económicas o de mano de obra.
Por otra parte, la posibilidad que la monarquía estableciera su residencia de verano en Santander era bastante alta porque la esposa y reina consorte de Alfonso XII, Victoria Eugenia de Battenberg, era de origen inglés y el clima y el paisaje santanderino evocaban en cierta manera la estampa de los campos de Inglaterra. Es por esa razón que el palacio se construyera con ese aire anglosajón.

La construcción del palacio se finaliza en 1912 y se inaugura el 4 de agosto de 1913. A partir de esa fecha y durante 17 años consecutivos, toda la Corte española se trasladará durante la época estival a Santander. El Palacio de La Magdalena es un regalo de la ciudad de Santander pero se otorga con una condición: no será una posesión de la corona borbónica sino que se cederá al rey o príncipe de España a título personal.

Los diferentes avatares políticos estatales y el triunfo de la República ponen fin a las vacaciones de la monarquía en Santander en 1930 y en 1932 se crea la Universidad Internacional de Santander, la cual tendrá su sede en el Palacio de la Magdalena. A ella acudirán como invitados personajes ilustres como Miguel de Unamuno o Federico García Lorca. Sin embargo, la instauración de la dictadura en 1939 aleja las esperanzas de los santanderinos de volver a recibir a la monarquía y el edificio permanece varios años sin utilizarse.

La llegada de la democracia en 1975 y la previsible conversión de la forma de Estado de dictadura a monarquía parlamentaria ponen al Palacio de La Magdalena en el punto de mira de todo Santander, pero para desesperación de sus habitantes, observan como los nuevos personajes reales, Juan Carlos I y Sofía, prefieren veranear en las Islas Baleares y la costa mediterránea en vez de la cantábrica y las tierras castellanas.
Es por ello que el ayuntamiento de Santander, presionado por la ciudadanía, decide recuperar el palacio y sus 28 hectáreas de parque para transformarlo en un bien público. Tras diversas negociaciones, el padre del rey Juan Carlos, Juan (conde de Barcelona), acepta la cesión del Palacio de La Magdalena en 1977, pero 64 años después, dicha cesión la hace en forma de venta (no de regalo), cobrándoles al ayuntamiento de Santander y a las arcas municipales una nada despreciable cantidad de 150 millones de pesetas (1.200 millones pesetas de las de ahora). En términos de conversión al euro: 900.000 euros le costó a Santander en 1977, pero que equivaldrían a más de 7.000.000 euros si el pago hubiera sido en 2008.


Una ganga, quitan hierro al asunto algunos, considerando que las reformas acometidas en 1993 para arreglar el palacio y modernizarlo costaron varios millones de euros más a los habitantes de Santander.

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