miércoles, 21 de noviembre de 2007

EL VIRREINATO DE LAS CINCO CASTILLAS

Cualquier persona de la Edad Media que levantara la cabeza y viera qué es lo que queda de la otrora imperial Castilla, no sólo preferiría haberse quedado como venía estando, sino que además comprobaría el cambio de papeles que la Historia ha decidido otorgar a esta nación. En otras palabras, Castilla ha pasado a ser una grandísima colonia, perteneciente a una tal metrópoli de forma periférica, con quien se llama España (quien piense que con Cuba se acabó el Imperio debiera recapitular o se estaría siendo incoherente con la pobre, pero qué más da, Castilla).

Los castellanos, digo, los castellano-leoneses, castellano-manchegos, riojanos, cántabros, en gran parte los madrileños y quizás las gentes de otras colonias españolas, como personas que están orgullosas de su tierra, no pueden por menos mostrar su admiración, respeto y sentimiento de pertenencia hacia una metrópoli tan fuerte como es España, a la que defienden, hacen suya y enarbolan, porque como bien saben, es la que dirige sus vidas y les permite gozar de ciertas libertades (que no plenos derechos) equiparables a las de la gente de la metrópoli. Además, es un caso único el de España, pues, su capital, la ciudad de Madrid, es un enclave dentro de las colonias españolas, un gesto por parte de España que éstas agradecen profundamente.

España, en su buen hacer de vertebrar todo el Estado, perdón, de vertebrar toda la metrópoli, crea infraestructuras que casi siempre pasan por sus colonias, una acción tenida en cuenta por éstas, porque se podría unir Madrid con la periferia mediante puentes aéreos y dejar de lado a las colonias. Esto podría provocar que ellas se sintieran un poquitín olvidadas y tal vez se enfadaran... pero bueno, aún así tampoco eso es un problema para la gran metrópoli española, porque ya lo consideró en 1.982 y 1.983, cuando se encargó de dividir a Castilla (en particular) en 5 zonas para que fuera mejor manejar a su gusto a cada una. Así que, teniendo tal control de la situación, España tira líneas rectas de autovías y otras infraestructuras por sus colonias, sin importar lo más mínimo que, ¡oh, Dios mío! Crucen por allí las hoces conquenses del río Cabriel. Pues que se quiten del medio, que molestan.

No obstante, las colonias españolas desempeñan su papel a la perfección, porque para eso son lo que son. Su función es abastecer a la metrópoli y ayudar a que ésta se enriquezca, ya que saben que siempre acaba repercutiendo en ellas de algún modo. Así que les parece perfecto que el Duero o que el Tajo sean ríos de curso irregular, si a las huertas de la metrópoli les hace falta el agua para sus cultivos, porque a Castilla le llega más al corazón un campo de naranjos secos que una vega yerma, aunque los agricultores “coloniales” sean los únicos que no lo vean con los mismos ojos.

A la metrópoli hay que tenerla siempre contenta. Si ésta exige energía eléctrica, las colonias no pueden negarse porque son las que más recursos tienen: así que en Castilla podemos encontrarnos unas centrales nucleares por aquí, otras tantas térmicas por allí, torres de alta tensión por diestro y siniestro, saltos de agua en cada escalón de los ríos y ahora también, lo que está de moda, los parques eólicos. Fíjate qué moderna y ecológica se está volviendo España, donde la energía eólica va a ayudar a eliminar las centrales nucleares y térmicas de su metrópoli (que no las de las colonias). Es todo un orgullo el avance en este campo. Encima los problemillas que producen los parques eólicos son realmente insignificantes, porque el hecho de que ya haya más molinos de viento en el Páramo de Masa y La Mancha que árboles en toda la meseta es irrisorio si una empresa muy importante decide instalarse en la metrópoli y le hace falta esa energía. Y no hay que preguntarse por qué esa tal industria no se ha montado en las colonias como Castilla, ya que nos gusta ser solidarios con la periferia, y si ese problema sólo afecta a los Aguilar de Campoo, a mí me es indiferente porque vivo en Valladolid. Que se quejen y le hagan el boicot a United Biscuit ellos solitos, que aquí ya tengo yo bastante con lo que se me viene encima en Michelín, porque muy poca gente nos está apoyando...

Por otro lado, por qué se tiene que ser tan machacón con lo de la pérdida demográfica de Castilla, ¿a que sí? Si España aumenta población y el granero está lleno, ¿dónde está el problema? Eso sí, la natalidad española, la más baja del mundo, es un tema muy serio, menos mal que la periferia del Estado se encarga de aumentarla y el asunto está resuelto: que en Burgos desaparecen para siempre 20 de sus 1.160 pueblos en un solo año, ¡vaya noticia más absurda!. Peor sería que se despoblase solamente uno de los de la periferia, porque como son tan pocos, se notaría mucho su pérdida. Además, mucho pueblo, mucho pueblo, y luego no tienen nada interesante... la iglesia a lo más pedir. Las tradiciones, las historias,... eso, eso te lo encuentras igualito en el pueblo de al lado, por lo que no hay que exagerar las cosas, ¿verdad? La gente de la metrópoli lo tiene clarísimo en este aspecto y los que vivimos en las colonias, por no llevarles la contraria, también.

En el campo de la política la distinción metrópoli-colonia es, por necesidad, abismal. La metrópoli pide, las colonias siempre apoyan. Las colonias piden y si a la metrópoli le conviene, también apoya. Parece justo. Sin embargo, lo que las colonias no entienden es por qué algunas partes de la metrópoli quieren emanciparse. Es algo que los castellanos, como fieles españoles que somos, no alcanzamos a comprender. ¡Si les damos todo lo que nos piden! ¡Si somos capaces de emigrar a ellos, adaptarnos, tomar como nuestras sus señas de identidad e incluso aborrecer a nuestra propia tierra natal, si con ello nos dan la oportunidad de trabajar o de realizarnos como personas! Es por eso que los castellanos creemos que es más importante defender una cohesión de todo el Estado antes que pedir la de nuestra propia nación, que consideramos meros límites internos del mismo, ¿O me equivoco?

Bueno, éstas y muchas más son las paradojas que surgen en nuestra colonia llamada Virreinato de Castilla-León, el resto de virreinatos de Castilla y algunos más. Yo, que nací en uno de los tantos pueblecitos castellanos, como buen español que soy, no sé si despedirme diciendo “agur” o “adeu”, por si tal vez una de todas las personas que lean esto sea vasca o catalana, ya que, aunque este artículo no va a comprendido fuera de Castilla, me “mola” un montón despedirme en otros idiomas, a parte de que soy muy cortés y tolerante, sobre todo con la gente de raíces castellanas que viene de la metrópoli a veranear aquí, y que defienden estas lenguas como si fueran suyas de toda la vida. Porque yo, que sepa, hablo español y ellos también lo hacen (aunque prefieran llamarlo castellano), por lo que no tengo que defenderlo ni hablarlo constantemente debido a que no lo siento como algo particularmente mío. No obstante, si un saludo puede parecer soso, mejor te bailo una muñeira, o mejor aún, una sevillana, que las llevo aprendiendo toda la vida y es algo que hoy en día le gusta muchísimo a la gente. Eso sí, no me pidas una jota, que a parte de parecerme una cosa anticuada, apenas la conozco, y además me son todas iguales. ¿Te hace pues una sevillana?

Por último hazte un favor: por tu bien, cree sin excepción en todo lo que te he dicho y en algo más que tú, por los valores imperialistas que te han inculcado, eres capaz de deducir, porque de lo contrario no tendrás suficientes lágrimas en los ojos para llorar por la agonía a la que han condenado a tu tierra, ni suficiente inteligencia para comprender que su situación ha sido y es propiciada por gente de ella misma, de Castilla, de tu Castilla, de mi Castilla.
¡Apuesta por tu tierra: es tu decisión. Ahora o nunca!

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